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¿Eres alto, hermano mayor y te gustan los gatos? Pues quizá eres más inteligente que la norma según esta revista

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/21/2017

Existe una serie de características particulares de las personas que gozan de algún tipo de inteligencia superior a la norma

Quizá no hay concepto con mayor variabilidad de interpretaciones y mediciones que el de la inteligencia. Se ha relacionado con el éxito y la felicidad, el óptimo desempeño en la formación educativa y el tan popular Coeficiente Intelectual –CI–. Sin embargo, conforme han pasado los años y los investigadores en psicología de la educación han tratado de indagar, se ha descubierto que existen múltiples tipos de inteligencia como los descritos por Thomas Armstrong: la lingüística, lógico matemática, espacial, cinético-corporal, musical, interpersonal, intrapersonal, naturalista y emocional; diferentes perfiles de alumnos, como los superdotados, los talentosos –simples, múltiples, complejos académicos o artísticos, conglomerados–, los precoces, etcétera.     

Esto quiere decir que la inteligencia es tan compleja que no se puede minimizar en simples categorías, y mucho menos en un CI que representa la inteligencia matemático-lógico de la academia. No por ello se ignorará que existen una serie de características particulares de las personas que gozan de algún tipo de inteligencia superior a la norma. De acuerdo con un artículo publicado en Business Insider, esta es una lista de las peculiaridades que la gente inteligente –o al menos más inteligente que la norma– comparte:

– Duermes tarde trabajando o estudiando. Parece ser que esta práctica de sueño se ha asociado con un nivel alto de CI, en comparación con personas que se despiertan a tempranas horas de la mañana.

– Eres introvertido. De acuerdo con BI, muchos introvertidos sufren de ansiedad social y no se atreven a hablar pues el pensamiento va mucho más rápido que su habilidad motriz. Ésta es, de hecho, un rasgo de inteligencia.

– Fuiste amamantado. Se ha asociado en varios estudios científicos la superdotación y talentos con haber sido amamantado durante los primeros meses de vida. Incluso existe una correlación entre una vida exitosa y esta práctica de crianza.

– Tienes un gato. Un estudio del 2014 encontró que las personas que prefieren a los perros tienden a preferir estar en el exterior, mientras que aquellas que prefieren a los gatos poseían un CI más elevado. Esto quizá se deba a que los dueños de los gatos elijan pasatiempos más intelectuales.

– Has usado drogas recreacionales. En 2012, un estudio encontró una relación entre un alto CI en la infancia y el uso de drogas ilegales en la adultez. Esto sugiere una correlación entre un alto CI infantil y la adopción de conductas de riesgo.

– Estás delgado. Un cuerpo delgado se encuentra fuertemente relacionado con una mente saludable. En 2006, un estudio francés encontró que las personas con obesidad podrían recordar 44 por ciento de las palabras en una prueba de vocabulario, mientras que aquellas delgadas, el 56 por ciento.

– Eres zurdo. Un estudio reciente ha asociado a los zurdos con un “pensamiento divergente”, una forma de creatividad en la que surgen ideas novedosas en la inmediatez.

– Eres alto. Un estudio de Princeton encontró que “desde la temprana edad de 3 años –antes de la escolarización– y durante la infancia, los niños altos tienen un buen desempeño muy significativo en pruebas cognitivas.”

– No fumas. Un estudio del 2010 en 20 000 hombres jóvenes encontró que el promedio de entre 18 y 21 años que eran fumadores tenían un CI de 94, y los no fumadores, 101.

– Tienes clases de música. Un estudio del 2011 encontró que la inteligencia verbal de entre 4 y 6 años de edad puede incrementarse después de un mes de clases de música.

– Eres el mayor de los hermanos. Los hermanos mayores son usualmente más inteligentes, y no se debe a la genética. Un estudio del 2007 sugirió que se debe a la psicología y dinámica familiar.

Este estudio demostró que un vino barato puede ser tan bueno como un vino costoso

Ciencia

Por: pijamasurf - 12/21/2017

Entre las muchas cualidades que hacen del vino una bebida generosa tenemos que su precio de venta nunca afectará nuestra capacidad de disfrutarlo, y este experimentó así lo probó

En el modo de vida propiciado por el capitalismo solemos pensar que el precio de una mercancía tiene una relación directa con su calidad, es decir, que mientras más costoso sea un producto es “mejor”, lo que sea que eso signifique.

Sin embargo, además de que esa impresión es en sí misma sumamente cuestionable, en nuestra época el costo de una mercancía suele estar determinado por muchos otros factores y, paradójicamente, no siempre la calidad de los insumos es uno de los primeros. Alimentos que vienen de tierras lejanas y sobreexplotadas, gadgets hechos en China en jornadas de trabajo inhumanas, prendas deportivas que para su elaboración se sirven de mano de obra infantil… Todo lo cual reduce los costos de producción, pero eleva el precio final de venta. ¿Curioso, no?

Es posible, no obstante, que exista al menos un producto que parece escapar de ese círculo pernicioso, pues su calidad depende de una coincidencia singular de circunstancias: el vino. El terreno donde se siembra, la uva que se utiliza, el clima, las condiciones en que ocurre la fermentación. Todo ello hace que cada cosecha de vino tenga algo no sólo de irrepetible sino también de azaroso, lo cual a su vez se conecta con otra singularidad: la de nuestro propio gusto. Por todo esto, en el vino el precio puede llegar a ser sólo un accidente que, por fortuna, no determina la calidad ni el placer que podemos sentir al disfrutarlo.

Prueba de ello es un experimento realizado por investigadores de la Escuela de Economía de Estocolmo y de las universidades de Yale y de California en Davis, quienes reunieron a un grupo de voluntarios para examinar su respuesta ante dos grandes tipos de vino: los de precio de venta elevado y los de precio bajo. Cabe mencionar que las personas participantes constituyeron un grupo heterogéneo, pues lo mismo se encontraban conocedores de las cualidades del vino que individuos sin ningún tipo de entrenamiento o formación para paladearlo.

Después de poco más de 6 mil pruebas del tipo “ensayo a ciegas” (es decir, sin que la persona supiera qué vino probaba), los investigadores observaron una tendencia de relación indirecta entre el precio y la sensación de disfrute: curiosamente, mientras más caro era un vino, las personas lo disfrutaban menos. Sólo en el caso de individuos que sabían distinguir las propiedades del del vino, este fenómeno se revirtió parcialmente.

“Estos hallazgos sugieren que los consumidores no expertos en vino no deberían prever un gran placer en cuanto a las cualidades intrínsecas del vino sólo por su costo elevado o porque es apreciado por los expertos”, escribieron los científicos en el artículo respectivo, publicado en la revista especializada Journal of Wine Economics (disponible en este enlace).

Así que ya lo sabes: es imposible elegir un buen vino por su precio. La única opción de conocerlo y saber si lo disfrutarás es probándolo.

 

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